domingo, 1 de septiembre de 2019

TERCER DÍA: 07/08/2019





Tras tomar un buen desayuno servido personalmente por la dueña del B&B nos dirigimos hacia la plaza del Burg donde entramos en la Basílica de la Santa Sangre. No nos coincidió el momento de la veneración (horario muy concreto) así que nos conformamos con ver dónde está guardada la ampolla que,  según dicen, contiene sangre de Jesucristo. Cuestión de fe.











Al salir nos fuimos directamente a una tienda de alquiler de bicis que habíamos visto del día anterior ("Bruges bike rental" 48 euros 4 bicis el día completo). Nos dirigimos hacia la zona del canal donde están los molinos que tiene la ciudad e hicimos el recorrido hacia nuestro punto de partida del día anterior, el Minnewater. El recorrido del perímetro completo de la ciudad antigua son 7,5 Km.

En este punto cabe destacar que si se va a visitar tres lugares ya compensa sacar la Musea Brugge Card que te vale para 14 museos de la ciudad incluida la iglesia de Nuestra Señora, el hospital de san Juan, la torre Belfort, el Ayuntamiento y el Molino de Viento. Es válida durante tres días consecutivos y cuesta 28 euros. Los niños menores de 18 entran gratis en la mayoría de los sitios (excepción, por ejemplo, en la torre de Belfort que pagaron entrada de 10 euros)

Atravesando de nuevo la ciudad llegamos a la iglesia de Nuestra Señora, donde pudimos visitar el museo que ocupa parte de la iglesia y que tiene como elementos principales las tumbas de María de Borgoña y su padre Carlos el Temerario (dentro de la de María está también el corazón de su hijo Felipe el Hermoso, marido de Juana la Loca) y la Madonna de Brujas, única obra de Miguel Ángel que se encuentra fuera de Italia.

Justo enfrente está el Hospital de S. Juan, que alberga actualmente un museo con obras de artistas flamencos. Curiosamente había  una exposición temporal de pintores barrocos españoles con obras de Mena, Zurbarán y Murillo. El edificio, especialmente en su parte de arriba, nos pareció impresionante, con una estructura de madera del siglo XII. La entrada incluye también la visita a la farmacia que se conserva en su estado original.





Se acercaba la hora de comer y nos dirigimos (de nuevo en bici) hacia la catedral, donde estaba uno de los restaurantes que habíamos visto por internet, "Chez Vicent", una hamburguesería con buena comida, eso sí, estaba a tope... Por fin probamos uno de los platos típicos de Bélgica: las patatas fritas.







Después de comer visitamos la catedral y nos pusimos de nuevo en marcha con las bicis hacia nuestro siguiente destino, la Torre Belfort. Allí tras una espera de unos 45 minutos comenzamos a subir los 366 escalones que llevan a la parte más alta desde donde se pueden admirar unas preciosas vistas de la ciudad. Como curiosidad, tanto en la parte más alta como en algunos descansillos, se pueden ver las campanas y las estructuras mecánicas que las manejan.






De nuevo en bici nos acercamos hacia el corazón del puerto original donde se encuentra el barrio financiero medieval que incluye edificios como la aduana, la lonja... La plaza está presidida por una estatua de Van Eyck, uno de los padres de  de la pintura flamenca.



De vuelta al centro, dejamos las bicis, compramos algo de fruta y un helado y nos fuimos a descansar un rato al B&B.

Cuando habíamos descansado un rato, salimos a tomar algo. Por la tarde-noche Brujas es una ciudad distinta. Muchos de los viajeros que vienen a la ciudad de visita se han ido, las tiendas, comercios y museos han cerrado y quedan abiertos los restaurantes y locales para tomar una cerveza, cenar algo y escuchar música en directo. Si de día es una ciudad preciosa, de noche adquiere un encanto especial. Teníamos ganas de entrar en un local en el que se mezclaba un poco de ambiente de restaurante, café, lugar de copas...pero los niños estaban cansados y preferían algo más básico, así que nos decantamos por un italiano. Ni fú, ni fá.


SEGUNDO DÍA: 06/08/2019

Nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel, aprovechando una cocina comunitaria y la compra del día anterior en Carrefour. Nos quedaba por ver el Barrio Europeo, algo más retirado de nuestro hotel. Como después íbamos a dirigirnos hacia Brujas, decidimos hacer el checkout y coger el coche para acercarnos hasta el Parque del Cincuentenario. Lo cruzamos andando para acercarnos a los edificios de la Comisión Europea. Tienen un paseo agradable entre jardines y castaños y desde lo más alto se dibuja un perfil de ciudad que nada tiene que ver con el que vivimos el día anterior. Edificios modernos de oficinas donde se encuentran los organismos europeos  más importantes y un tráfico intenso dan una idea de que aquí Bruselas tiene un ritmo distinto.






Tardamos una hora en llegar a Brujas. Es una ciudad con un casco antiguo de difícil acceso en coche. El alojamiento que habíamos elegido era un B&B (Brughia Chambre D’hotes ) regentado por una mujer encantadora. Era una casa antigua con escaleras de madera y unas habitaciones amplias y limpias. Tiene hasta un listado de sitios para comer clasificados por precio. Como estábamos en la hora idónea para hacerlo, nos fuimos a comer a una pequeña plaza que había cerca (Hap take away bites, ensalada y hamburguesas, bastante bueno). Aparcar es difícil y caro, así que llevamos el coche hasta un parking (este sí, barato, 3,5€ al día) cerca de la estación de tren. Nos vino bien porque  desde la estación de tren empiezan muchas de las rutas a pie de visita de la ciudad que te marcan las guías.

Comenzamos nuestra visita por el lago Minewater que es un lugar idílico al sur de la ciudad en el que cada parada merece una foto. Pese a que es verano y hay mucha gente no tuvimos sensación de saturación. Está claro que estamos en una ciudad turística, pero también en una ciudad preciosa que hay que tomarse con paciencia y sin ninguna prisa. Una vez se han recorrido unos metros por la orilla del lago, y a la altura de la Casa del Agua (dónde están las esclusas que controlan su nivel) aparece a la izquierda la puerta de entrada al Beaterio, Patrimonio de la Humanidad.


El Beaterio, vivienda de mujeres no religiosas (aunque actualmente es habitado por  religiosas) es un lugar único que transmite mucha paz, merece la pena dedicarle un rato.






Al salir del Beaterio callejeamos tranquilamente por la ciudad y sus preciosos rincones teniendo nuestra primera toma de contacto con alguno de sus monumentos: hospital de San  Juan, iglesia de Nuestra Señora, plazas del Burg y del Mercado.  Justo al lado de Nuestra Señora hay un rincón muy bonito dónde destaca una estatua de Luis Vives.




Compramos algo de pan para cenar con el embutido que nos habíamos traído de España y, para rematar el día, mientras los niños se duchaban, nos fuimos a disfrutar de una merecida cerveza en una pequeña y ambientada calle detrás de la plaza del mercado (Bar des Amis).


PRIMER DÍA: 05/08/19


Madrugamos ya que el vuelo salía pronto (Brussels Airlines, 06:20h). Fuimos al aeropuerto en coche y lo aparcamos en Go Barajas (habíamos reservado el día anterior a través de Internet), todo muy bien, llegamos sobre las 04:45h y en menos de 15 minutos estábamos en la T2.

El vuelo llegó puntual y a las 10:00h ya habíamos recogido el coche de alquiler (Rentalcars) e íbamos camino del centro de Bruselas. Decidimos, camino del hotel, parar en el Atomium, uno de los símbolos de Bruselas. El Atomium fue construido para la Exposición Universal de 1958 y se encuentra a las afueras de la ciudad, en el barrio de Heizel. Su estructura emula los nueve átomos de un cristal de hierro (que a su vez representan las nueve provincias belgas), aumentados varios billones de veces. También queríamos aprovechar para desayunar pero no encontramos ningún sitio en la zona así que tras un breve paseo y un par de fotos decidimos ir al hotel para dejar las maletas.






El hotel que habíamos reservado para pasar la noche en Bruselas era el hotel Meininger, al lado del río y no muy lejos del centro. Es un hotel moderno con habitaciones sencillas, con zona de juegos y una pequeña cocina. El check-in no se podía hacer hasta después de las tres así que dejamos las maletas en los lockers del primer piso previo pago de 4 euros por taquilla (por 6 horas).

Con la guía de Tadeus Zimm en la mano, nos dirigimos hacia la Grand Place, un lugar increíble con edificios impresionantes que te dejan sin habla, especialmente el Ayuntamiento. Enfrente, encontramos otro edificio, la Maison Du Roi, que fue reformado en 1870 y hoy en día alberga el Museo Municipal de Bruselas








Desde allí seguimos hacia la plaza del mercado de las hierbas donde nos sentamos un rato a disfrutar del ambiente que allí se respira: gente paseando, comiendo, músicos callejeros... Continuamos visitando las galerías Royal Saint Hubert y la calle de las cervecerías Delirium Tremens (a las que volveríamos por la tarde) donde se encuentra la Janneken Pis o niña meona. Toda la zona del centro está llena de restaurantes, cafeterías y muchas tiendas de chocolate, el famoso chocolate belga.




Para terminar la mañana decidimos acercarnos a la catedral de Bruselas, edificio gótico bastante austero por dentro donde se proclamó a Carlos V Rey de las Españas.

Después de comer en un restaurante italiano del centro (Pronto Pizza) muy buenas pizzas y buen servicio, nos fuimos al hotel para hacer el check in y dormir una siesta ya que el madrugón nos impedía continuar.

Con las pilas recargadas nos volvimos a poner en marcha hacia la parte alta de la ciudad, pasando primero por el Maneken Pis (niño meón) que sorprende por su pequeño tamaño. En la calle donde está en Maneken Pis hay muchas chocolaterías y tiendas de gofres donde aprovechamos para degustar este dulce típico del país.

El camino hacia la ciudad alta lo hicimos a través del barrio del Sablón, un barrio que nos recordó a París, bares con terrazas, ambiente bohemio, paredes pintadas con cómic…En este barrio se encuentra la iglesia de Notre Damme de Sablon, una iglesia gótica con bonitas vidrieras.




Atravesando el Sablon llegamos a la Place Royale donde está el Palacio Real y la estatua de Godofredo de Bouillon, primer Rey de Jerusalem. Las Cruzadas son un tema recurrente en la visita a Bélgica.

El camino de regreso hacia la ciudad baja la hicimos por el Mont des Arts, un fantástico mirador desde donde se ve el campanario de la Grand Place y a lo lejos, la Basílica del Sagrado Corazón. Antes de bajar, permanecimos sentados en las escaleras un rato disfrutando del paisaje al ritmo de músicos callejeros.




Para reponer fuerzas paramos en la cervecería Delirium Tremens a disfrutar de su cerveza y atravesamos de nuevo la Grand Place para volver a disfrutar de su belleza.

Pequeña compra en el Carrefour, cena en el hotel y a la cama temprano que el día había sido muy largo.


PREPARATIVOS Y CURIOSIDADES


Este año tocaba viaje largo. Desde septiembre empezamos a organizar nuestra visita a Myanmar. Necesitábamos al menos tres semanas de coincidencia en nuestras vacaciones para un viaje de este tipo. En marzo Anabel cambió de trabajo y lo del viaje largo se nos fue al traste porque ya no coincidíamos tres semanas en vacaciones. Recalculando un viaje de unos diez días apareció en nuestro repertorio Bélgica y Países Bajos. Desde el principio nos gustó la idea a los dos, así que nos pusimos manos a la obra. Una vez dibujado el itinerario decidimos coger vuelo de ida a Bruselas el 5 de agosto de 2019, y vuelo de regreso desde Amsterdam el 15. Alquilamos un coche y las paradas de hotel las realizamos en Bruselas(1 noche), Brujas (3), Amberes (1), Roterdam (1) y Amsterdam (4).

El resultado, un viaje a lugares de un encanto especial que nos remonta a ciudades que parecen haberse quedado ancladas en la Edad Media, y nos trae a otras que nos presentan el futuro.

Además de blogs de otros viajeros y algunas guías comerciales merece la pena hablar de las guías de viaje (gratuitas en pdf) de Tadeus Zimm.


Si tuviésemos que hablar de alguna cosa en particular que nos llamó la atención en ambos países fueron la bicicletas y el sistema de canalizaciones del agua. Las primeras porque las hay a espuertas. Es, sin duda, el medio de transporte más utilizado, entre otras cosas porque la red de carril bici es interminable, no solo dentro de las ciudades sino en tramos interurbanos. En Amsterdam de hecho hay tantas y circulando en todas direcciones que se convierten en un reto para los peatones.

La segunda porque ambos países, sobretodo Países Bajos, son una obra de ingeniería desde hace siglos. En la actualidad no dejamos de escuchar hablar del calentamiento de la Tierra y del deshielo, con el consiguiente aumento del nivel del mar. A todos se nos ha pasado alguna vez por la cabeza la idea de que estos países lo iban a pasar muy mal, sin embargo, te dicen con toda tranquilidad que ellos saben desde hace muchos años cómo vivir por debajo del nivel del mar, que son los demás los que se tienen que preocupar.

En cuanto al idioma, con inglés te entiendes perfectamente. Si bien en Bruselas se habla habitualmente el francés, en el resto de Bélgica nos sorprendió que el idioma principal era el Neerlandés (los belgas lo llaman Flamenco, por eso de los nacionalismos). En Holanda, evidentemente, el Neerlandés.