Tras tomar un buen desayuno servido personalmente por la dueña del B&B nos dirigimos hacia la plaza del Burg donde entramos en la Basílica de la Santa Sangre. No nos coincidió el momento de la veneración (horario muy concreto) así que nos conformamos con ver dónde está guardada la ampolla que, según dicen, contiene sangre de Jesucristo. Cuestión de fe.
Al salir nos fuimos directamente a una tienda de alquiler de bicis que habíamos visto del día anterior ("Bruges bike rental" 48 euros 4 bicis el día completo). Nos dirigimos hacia la zona del canal donde están los molinos que tiene la ciudad e hicimos el recorrido hacia nuestro punto de partida del día anterior, el Minnewater. El recorrido del perímetro completo de la ciudad antigua son 7,5 Km.
En este punto cabe
destacar que si se va a visitar tres lugares ya compensa sacar la Musea Brugge
Card que te vale para 14 museos de la ciudad incluida la iglesia de Nuestra Señora,
el hospital de san Juan, la torre Belfort, el Ayuntamiento y el Molino de Viento.
Es válida durante tres días consecutivos y cuesta 28 euros. Los niños menores
de 18 entran gratis en la mayoría de los sitios (excepción, por ejemplo, en la
torre de Belfort que pagaron entrada de 10 euros)
Justo enfrente está el
Hospital de S. Juan, que alberga actualmente un museo con obras de artistas
flamencos. Curiosamente había una
exposición temporal de pintores barrocos españoles con obras de Mena, Zurbarán
y Murillo. El edificio, especialmente en su parte de arriba, nos pareció
impresionante, con una estructura de
madera del siglo XII. La entrada
incluye también la visita a la farmacia que se conserva en su estado original.
Se acercaba la hora de
comer y nos dirigimos (de nuevo en bici) hacia la catedral, donde estaba uno de
los restaurantes que habíamos visto por internet, "Chez Vicent", una
hamburguesería con buena comida, eso sí, estaba a tope... Por fin probamos uno
de los platos típicos de Bélgica: las patatas fritas.
Después de comer visitamos la catedral y nos pusimos de nuevo en marcha con las bicis hacia nuestro siguiente destino, la Torre Belfort. Allí tras una espera de unos 45 minutos comenzamos a subir los 366 escalones que llevan a la parte más alta desde donde se pueden admirar unas preciosas vistas de la ciudad. Como curiosidad, tanto en la parte más alta como en algunos descansillos, se pueden ver las campanas y las estructuras mecánicas que las manejan.
De nuevo en bici nos acercamos hacia el corazón del puerto original donde se encuentra el barrio financiero medieval que incluye edificios como la aduana, la lonja... La plaza está presidida por una estatua de Van Eyck, uno de los padres de de la pintura flamenca.
De vuelta al centro, dejamos las bicis, compramos algo de fruta y un helado y nos fuimos a descansar un rato al B&B.
Cuando habíamos
descansado un rato, salimos a tomar algo. Por la tarde-noche Brujas es una
ciudad distinta. Muchos de los viajeros que vienen a la ciudad de visita se han
ido, las tiendas, comercios y museos han cerrado y quedan abiertos los
restaurantes y locales para tomar una cerveza, cenar algo y escuchar música en
directo. Si de día es una ciudad preciosa, de noche adquiere un encanto
especial. Teníamos ganas de entrar en un local en el que se mezclaba un poco de
ambiente de restaurante, café, lugar de copas...pero los niños estaban cansados
y preferían algo más básico, así que nos decantamos por un italiano. Ni fú, ni
fá.
