Habíamos reservado un
free tour en español a las 10:00h con la empresa Sandeman así que nos
levantamos pronto para llegar a tiempo a la plaza Dam que era el punto de
encuentro. Aunque el hotel está alejado del centro, en metro se tarda
aproximadamente 15 minutos en llegar al centro de Ámsterdam por lo que llegamos
muy bien de tiempo. La plaza Dam es un lugar céntrico donde se encuentra el
palacio real que fue primero ayuntamiento y pasó a ser palacio cuando Napoleón
conquistó Holanda y que sigue siendo
palacio (aunque los reyes viven en La Haya), la Niewe Kerk (iglesia nueva) que
ni es nueva ni es iglesia ya que dejó de ser templo católico para ser
protestante (como pasó un muchas otras iglesias de la ciudad ) y
finalmente pasó a ser sala de
exposiciones. En frente también se encuentra el obelisco, monumento a los holandeses
muertos en guerras que a finales de los sesenta y principios de los setenta se
convirtió en el símbolo hippie de la ciudad y de gran parte de Europa.
Nada más llegar a la
plaza nos cayó el diluvio universal y esa fue la tónica del día desluciendo un
poco nuestro primer contacto con la ciudad. Tuvimos que comprar un par de
paraguas porque, aunque llevábamos chubasquero, cuando se pone a llover...
Nuestro guía fué Eduardo,
que con mucho interés y paciencia bajo la lluvia intermitente nos explicó la
historia de la ciudad, las construcciones, el escudo de la ciudad con sus tres XXX, las bicis... Es
interesante realizar un tour inicial para situarte en la ciudad. Con él
visitamos parte de la ciudad vieja, pasando entre otros por el ayuntamiento, el
barrio judío, la Rembrandtplein y el Begijnhof. A lo largo del tour te va también
explicando donde están los puntos de interés para luego visitarlos cada uno por
su cuenta. También se hace una pausa donde te venden tickets para otros tours
(Barrio Rojo, ruta en bici...), nosotros cogimos el del crucero por los canales
pero cuando llegamos al barco resulta que allí era 1,5 más barato...
El tour está muy bien
pero la verdad es que la mañana no acompañaba...En este punto sería bueno
indicar algo sobre los tour gratuitos. Hay mucho escrito sobre esto, nuestra
experiencia con Sadenman es que en ningún caso nos pidieron dinero. Está bien
organizado y el guía fue bueno. Dónde está el truco? Pues que en el intermedio
te venden otros tour distintos al gratuito y es una manera de promocionarse y
vender sus productos. La verdad es que casi todo el mundo dan una propina/la
voluntad al guía, aunque en ningún caso se nos hizo referencia a ello.
Al finalizar el tour nos
dirigimos a comer hacia el Café Sonneveld y, por recomendación de Eduardo
probamos uno de los platos típicos de Holanda, el stamppot, puré de patatas y verduras (en este caso zanahoria y cebolla) con una albóndiga de carne, la verdad es que estaba muy
bueno.
De postre decidimos ir a
por las que dicen que son las mejores cookies de la ciudad, las de Van
Stapelen, cerca de la plaza Spui. Íbamos con la idea de hacer mucha cola pero
tuvimos suerte y en el momento en el que llegamos no había casi nadie (si
cuando nos fuimos...). Las degustamos junto con un café sentados en la plaza
Spui. Están espectaculares!!
Del tour de la mañana nos
quedamos con ganas de disfrutar un poco más del Begijnhof así que volvimos y
pudimos entrar en la iglesia protestante que hay en el complejo (inicial
católica que pasó a ser protestante- calvinista). Sorprende por las diferencias
con una iglesia católica ya que no hay imágenes. La iglesia católica del
Begijnhof es una de la iglesias clandestinas de la ciudad, iglesias católicas
"ocultas" dentro de edificios que no llaman la atención. Es curioso
que la iglesia Católica que se construyó después está a escasos 10 metros de la
otra. Eso sí, simula un edificio y queda oculta, aunque los feligreses se
viesen ( y se sigan viendo, ahora es evidente) con toda naturalidad los días de
ceremonia.
Si por algo destaca Ámsterdam es por el término
"tolerancia". Te puede gustar o no la prostitución, pero en vez de
prohibir han encontrado una forma de encauzarla. En vez de prohibir las drogas
han encontrado un término medio, no pensemos que en Ámsterdam uno puede hacer
lo que le de la gana. Convivieron hace muchos años, cuando era impensable,
distintas religiones. Y un largo ecétera. No viven en el modelo ideal, no es
perfecto, pero más allá de unos
principios u otros, han encontrado un modelo de convivencia que se hace
difícil ver en otros lugares en la actualidad.
A unos padres que viajábamos con adolescentes nos sirvió para
reflexionar con ellos de alguna que otra cosa.
Camino hacia la Estación
central visitamos parte del Barrio Rojo, sin mucho ambiente a esa hora pero
suficiente para hacernos una idea (además Iria iba bastante incómoda). Tan
rápido pasamos que nos dejamos algún punto de interés al que tendríamos que
volver.
Para rematar el día
decidimos hacer el crucero por los canales, en un barco cubierto por la
climatología. El barco hace un recorrido por el Oude Schans, el río
Amstel, y los tres anillos de canales
del sureste: el Herengracht, el Keizersgracht y el Prinsengracht que marcan
distintos tipos de construcción de casas según el estatus social de los dueños.
Parte del recorrido transcurre por las esclusas bajo la Estación Central y en el recorrido también se puede ver, entre otros, la torre A´DAM lockout y el museo de ciencias NEMO. El barco cuenta
con una audioguía en varios idiomas (entre ellos el castellano) que te va
explicando la historia y puntos de interés que se van recorriendo.
Nuestra siguiente parada fue el supermercado Albert Hein para comprar la cena y desayuno
del día siguiente y después vuelta al hotel.