Nos levantamos temprano y
desayunamos en el hotel, aprovechando una cocina comunitaria y la compra del
día anterior en Carrefour. Nos quedaba por ver el Barrio Europeo, algo más
retirado de nuestro hotel. Como después íbamos a dirigirnos hacia Brujas,
decidimos hacer el checkout y coger el coche para acercarnos hasta el Parque
del Cincuentenario. Lo cruzamos andando para acercarnos a los edificios de la
Comisión Europea. Tienen un paseo agradable entre jardines y castaños y desde
lo más alto se dibuja un perfil de ciudad que nada tiene que ver con el que
vivimos el día anterior. Edificios modernos de oficinas donde se encuentran los
organismos europeos más importantes y un
tráfico intenso dan una idea de que aquí Bruselas tiene un ritmo distinto.
Tardamos una hora en
llegar a Brujas. Es una ciudad con un casco antiguo de difícil acceso en coche.
El alojamiento que habíamos elegido era un B&B (Brughia Chambre D’hotes ) regentado
por una mujer encantadora. Era una casa antigua con escaleras de madera y unas
habitaciones amplias y limpias. Tiene hasta un listado de sitios para comer
clasificados por precio. Como estábamos en la hora idónea para hacerlo, nos
fuimos a comer a una pequeña plaza que había cerca (Hap take away bites, ensalada y hamburguesas, bastante bueno).
Aparcar es difícil y caro, así que llevamos el coche hasta un parking (este sí,
barato, 3,5€ al día) cerca de la estación de tren. Nos vino bien porque desde la estación de tren empiezan muchas de
las rutas a pie de visita de la ciudad que te marcan las guías.
Comenzamos nuestra visita por el lago Minewater que es un
lugar idílico al sur de la ciudad en el que cada parada merece una foto. Pese a
que es verano y hay mucha gente no tuvimos sensación de saturación. Está claro que
estamos en una ciudad turística, pero también en una ciudad preciosa que hay
que tomarse con paciencia y sin ninguna prisa. Una vez se han recorrido unos
metros por la orilla del lago, y a la altura de la Casa del Agua (dónde están
las esclusas que controlan su nivel) aparece a la izquierda la puerta de
entrada al Beaterio, Patrimonio de la Humanidad.
El Beaterio, vivienda de
mujeres no religiosas (aunque actualmente es habitado por religiosas) es un lugar único que transmite
mucha paz, merece la pena dedicarle un rato.


Al salir del Beaterio
callejeamos tranquilamente por la ciudad y sus preciosos rincones teniendo
nuestra primera toma de contacto con alguno de sus monumentos: hospital
de San Juan, iglesia de Nuestra Señora, plazas
del Burg y del Mercado. Justo al lado de
Nuestra Señora hay un rincón muy bonito dónde destaca una estatua de Luis Vives.
Compramos algo de pan para cenar con el embutido que nos habíamos traído
de España y, para rematar el día, mientras los niños se duchaban, nos fuimos a
disfrutar de una merecida cerveza en una pequeña y ambientada calle detrás de
la plaza del mercado (Bar des Amis).
No hay comentarios:
Publicar un comentario