domingo, 1 de septiembre de 2019

SEXTO DÍA: 10/08/2019




Tras desayunar en el hotel salimos hacia Rotterdam, nuestro siguiente destino. Habíamos incluido en nuestra ruta una parada en los molinos de Kinderdijk, Patrimonio de la Humanidad, un conjunto de molinos que se utilizaban para controlar el nivel del agua en la zona y así evitar inundaciones. Dejamos el coche en un parking señalizado y fuimos caminando unos 500m hasta la entrada. Hay otro parking a la entrada del conjunto pero es muy pequeño y de pago por lo que recomendamos dejar el coche en el parking anterior. Hay una cola para sacar los tickets (distintas opciones visita molinos y película  con paseoen barco o sin él), pero si no vas a entrar en ninguno no hace falta. El paseo se puede hacer caminando o en bici. La verdad es que merece la pena el paseo, aunque el día no acompañaba mucho (viento y lluvia). 

De regreso, paramos en un Lidl en el mismo pueblo a comprar pan y fruta para comer (junto con el jamón que nos trajimos de España). Como casi todos los pueblecitos por los que pasábamos, apetecía quedarse a dar una vuelta, aunque con el mal día que hacía, comimos cerca del río y continuamos nuestro viaje.

La entrada a Rotterdam en coche no fue complicada. Nos alojamos en el Art Hotel, un lugar curioso. La estética del edificio no es la habitual de un hotel. Es un edificio de alto, y nos dieron habitación en la última planta. Está ubicado en el barrio de Feijenoord (el del equipo de fútbol). 

En Rotterdam está el puerto más grande de Europa. Damos fe, desde la ventana de nuestra habitación no dábamos a adivinar dónde acababa. Aprovechamos mientras los niños descansaban en el hotel y nos fuimos a hacer la colada a un local cercano. Más que en Países Bajos, parecía que estábamos en Turquía. Todos los locales y establecimientos estaban regentados por población inmigrante. Rotterdam fue destruida en la 2º Guerra mundial y es una ciudad con una actividad económica importante, por lo que han necesitado de mucha población extranjera . 

Es una ciudad distinta a todas las demás que visitamos. Se caracteriza por los edificios ultramodernos de oficinas, parece que están haciendo un concurso continuo (hay obras y más obras) para ver qué arquitecto gana.




De vuelta al hotel, recogimos a los niños y nos fuimos al centro. Hay una parada de justo al lado del hotel, pero la opción para 4 personas es algo cara, así que nos decantamos por Uber: 12€ ir al centro y 10€ de vuelta. 4 billetes de metro válidos por dos horas (no nos valía de vuelta) nos salían por 32€.

Fuimos directamente al Salón del mercado (Markthal). Una obra de la arquitectura moderna que funciona como mercado y zona de restauración. 





Justo en frente están las casas Cubo (Kijk-Kubus), uno de los lugares más turísticos y visitados por la originalidad de su construcción. Desde aquí nos fuimos andando hacia la Iglesia de San Lorenzo, que es una mezcla de estilos modernos ya que la antigua fue destruida en los bombardeos de  la 2ª Guerra Mundial. 




Cruzando un canal y la zona comercial llegamos a una avenida que nos llevaba directamente al puente “Erasmusbrug”, apodado “El Cisne”. Desde la orilla en la que estábamos (dónde está el Inntel Hotel, se ve perfectamente el skyline de la ciudad. Desde aquí, y de vuelta al Markthal, hay un recorrido muy bonito por la orilla del canal Leuvehaven, en lo que parece un museo marítimo al aire libre. Antes de coger el Uber de vuelta al hotel cenamos algo en uno de los locales que quedaban abiertos en el mercado.


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