domingo, 1 de septiembre de 2019

PRIMER DÍA: 05/08/19


Madrugamos ya que el vuelo salía pronto (Brussels Airlines, 06:20h). Fuimos al aeropuerto en coche y lo aparcamos en Go Barajas (habíamos reservado el día anterior a través de Internet), todo muy bien, llegamos sobre las 04:45h y en menos de 15 minutos estábamos en la T2.

El vuelo llegó puntual y a las 10:00h ya habíamos recogido el coche de alquiler (Rentalcars) e íbamos camino del centro de Bruselas. Decidimos, camino del hotel, parar en el Atomium, uno de los símbolos de Bruselas. El Atomium fue construido para la Exposición Universal de 1958 y se encuentra a las afueras de la ciudad, en el barrio de Heizel. Su estructura emula los nueve átomos de un cristal de hierro (que a su vez representan las nueve provincias belgas), aumentados varios billones de veces. También queríamos aprovechar para desayunar pero no encontramos ningún sitio en la zona así que tras un breve paseo y un par de fotos decidimos ir al hotel para dejar las maletas.






El hotel que habíamos reservado para pasar la noche en Bruselas era el hotel Meininger, al lado del río y no muy lejos del centro. Es un hotel moderno con habitaciones sencillas, con zona de juegos y una pequeña cocina. El check-in no se podía hacer hasta después de las tres así que dejamos las maletas en los lockers del primer piso previo pago de 4 euros por taquilla (por 6 horas).

Con la guía de Tadeus Zimm en la mano, nos dirigimos hacia la Grand Place, un lugar increíble con edificios impresionantes que te dejan sin habla, especialmente el Ayuntamiento. Enfrente, encontramos otro edificio, la Maison Du Roi, que fue reformado en 1870 y hoy en día alberga el Museo Municipal de Bruselas








Desde allí seguimos hacia la plaza del mercado de las hierbas donde nos sentamos un rato a disfrutar del ambiente que allí se respira: gente paseando, comiendo, músicos callejeros... Continuamos visitando las galerías Royal Saint Hubert y la calle de las cervecerías Delirium Tremens (a las que volveríamos por la tarde) donde se encuentra la Janneken Pis o niña meona. Toda la zona del centro está llena de restaurantes, cafeterías y muchas tiendas de chocolate, el famoso chocolate belga.




Para terminar la mañana decidimos acercarnos a la catedral de Bruselas, edificio gótico bastante austero por dentro donde se proclamó a Carlos V Rey de las Españas.

Después de comer en un restaurante italiano del centro (Pronto Pizza) muy buenas pizzas y buen servicio, nos fuimos al hotel para hacer el check in y dormir una siesta ya que el madrugón nos impedía continuar.

Con las pilas recargadas nos volvimos a poner en marcha hacia la parte alta de la ciudad, pasando primero por el Maneken Pis (niño meón) que sorprende por su pequeño tamaño. En la calle donde está en Maneken Pis hay muchas chocolaterías y tiendas de gofres donde aprovechamos para degustar este dulce típico del país.

El camino hacia la ciudad alta lo hicimos a través del barrio del Sablón, un barrio que nos recordó a París, bares con terrazas, ambiente bohemio, paredes pintadas con cómic…En este barrio se encuentra la iglesia de Notre Damme de Sablon, una iglesia gótica con bonitas vidrieras.




Atravesando el Sablon llegamos a la Place Royale donde está el Palacio Real y la estatua de Godofredo de Bouillon, primer Rey de Jerusalem. Las Cruzadas son un tema recurrente en la visita a Bélgica.

El camino de regreso hacia la ciudad baja la hicimos por el Mont des Arts, un fantástico mirador desde donde se ve el campanario de la Grand Place y a lo lejos, la Basílica del Sagrado Corazón. Antes de bajar, permanecimos sentados en las escaleras un rato disfrutando del paisaje al ritmo de músicos callejeros.




Para reponer fuerzas paramos en la cervecería Delirium Tremens a disfrutar de su cerveza y atravesamos de nuevo la Grand Place para volver a disfrutar de su belleza.

Pequeña compra en el Carrefour, cena en el hotel y a la cama temprano que el día había sido muy largo.


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